A lo largo de 13 años hice trabajo administrativo, primero como secretaria y luego como inspectora administrativa de escuelas primarias de mi estado, pero me dieron mi nombramiento como maestra de secundaria, por lo que al suscitarse problemas políticos, salí de la oficina y me mandaron a la preparatoria.
El primer día fue impactante, pararme frente a un grupo de alumnos, a los que yo iba a transmitir conocimientos, a los que debía imponer una disciplina , a los que yo iba a preparar para que lograran un mejor nivel de vida y que la mayoría tenía más años que yo. Muchos fueron mis miedos, mucha mi angustia por no cumplir con mi deber. Ciertamente, nadie me había enseñado a ser maestra, pero es muy preocupante el no tener la pedagogía y la didáctica para serlo.
Los compañeros te apoyan, te facilitan materiales, pero es uno mismo el que va a decidir como va a ser tu práctica docente.
Cuando yo llegué a la escuela teníamos muchas limitantes: condiciones muy malas de infraestructura (un salón de actos de la colonia habilitado para escuela), no había recursos oficiales, pocos alumnos, nada de material didáctico, etc. Hoy veo con mucho orgullo lo que hemos logrado de 8 años hacia acá: 24 aulas, 4 laboratorios, 3 audiovisuales, cancha techada, muy equipados en material didáctico y electrónico, para atender a más de 1 000 alumnos por turno. Todo logrado a base de trabajo y tesón por parte del personal, encabezados por un director con mucha visión, que si nos hubiéramos esperado al apoyo de las autoridades educativas, aún estaríamos en muy malas condiciones.
De manera personal, mi cambio ha sido radical, pues yo era una persona que le costaba mucho trabajo hablar en público, muy callada, que no había tenido bajo mi responsabilidad mas que a una secretaria. Hoy domino mucho mejor al grupo, mi hablar frente a ellos es con más confianza y he experimentado gratamente la libertad de ser maestra.
El ser maestro implica un gran reto y un gran compromiso. En nosotros mismos está el gozar ese reto y que no nos pese ese compromiso. Son muchas más las satisfacciones que tenemos en el aula, que los malos momentos.
Yo estoy por llegar al final de esta gran aventura. La vida me puso en esta hermosa profesión de la que he obtenido muchos triunfos. No me arrepiento de no haber ejercido mi carrera de origen. Tanto me gusta y amo ser maestra, que aún no decido si me voy a retirar.
Emma Irene Majalca Rodríguez.
sábado, 10 de octubre de 2009
MI PROPIA AVENTURA DE SER MAESTRA
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