Yo estudié la carrera de Contador Público en la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Autónoma de Chihuahua, pero desde que estaba en tercer semestre se me presentó la oportunidad de ingresar al ramo educativo como secretaria en el Departamento de Educación de Gobierno del Estado. Ese trabajo me ayudó a costear mi carrera, pensando en que al terminarla la ejercería, abandonando mi plaza de secretaria.
Sin embargo, me gradué y seguí en la oficina, ya con más responsabilidad y al año de terminar me casé, con un compañero de trabajo.
Me dieron el puesto de Inspectora Administrativa y me cambiaron mi plaza de secretaria por 33 horas de secundaria.
Por cuestiones políticas (cambio de gobierno a otro partido), tuvimos que salir de la oficina, después de 13 años de servicio, y me mandaron a la escuela preparatoria, como una forma de castigo, pues era una escuela de reciente creación en la que nadie creía y que no le veían probabilidades de sobrevivir, aparte de que era turno vespertino.
Al llegar a la escuela me asignaron horas frente a grupo y cubrir otras horas en control escolar, pues eran 33 de nombramiento. Me asignaron materias relacionadas con mi profesión, como: contabilidad, economía, administración, aparte de otras como geografía, historia de México, etc.
El principio fue muy duro, muy impactante, el enfrentarme al grupo y trabajé mucho para planear mis clases y buscar materiales de apoyo. Mis compañeros me ayudaron y lo más importante, tuve la aceptación de mis alumnos, lo cual me ayudó a darme confianza y a aquilatar la función del docente.
No soy docente de profesión pero si lo soy de vocación y la amo y he tratado de desempeñarla con dignidad, estudiando y preparándome para ello.
Hemos trabajado mucho para constituir una Institución que está empezando a sobresalir, desde construir un edificio, con solo las cuotas de los padres y las actividades realizadas, y ver hoy que tenemos 2 planteles con casi 4 000 alumnos. Esto ha influido mucho para apasionarme por esta profesión y el gran amor que le tengo a mi escuela.
Las satisfacciones han sido muchas: ver construida una gran escuela, ver a mis alumnos que logran un mejor nivel de vida, el reconocimiento de ellos hacia mi, es algo que no cambio por nada.
Logré ser maestra por necesidades del servicio y no me arrepiento de lo que estudié, pero me siento muy satisfecha de lo que he logrado en esta hermosa profesión.
Emma Irene Majalca Rodríguez.
Sin embargo, me gradué y seguí en la oficina, ya con más responsabilidad y al año de terminar me casé, con un compañero de trabajo.
Me dieron el puesto de Inspectora Administrativa y me cambiaron mi plaza de secretaria por 33 horas de secundaria.
Por cuestiones políticas (cambio de gobierno a otro partido), tuvimos que salir de la oficina, después de 13 años de servicio, y me mandaron a la escuela preparatoria, como una forma de castigo, pues era una escuela de reciente creación en la que nadie creía y que no le veían probabilidades de sobrevivir, aparte de que era turno vespertino.
Al llegar a la escuela me asignaron horas frente a grupo y cubrir otras horas en control escolar, pues eran 33 de nombramiento. Me asignaron materias relacionadas con mi profesión, como: contabilidad, economía, administración, aparte de otras como geografía, historia de México, etc.
El principio fue muy duro, muy impactante, el enfrentarme al grupo y trabajé mucho para planear mis clases y buscar materiales de apoyo. Mis compañeros me ayudaron y lo más importante, tuve la aceptación de mis alumnos, lo cual me ayudó a darme confianza y a aquilatar la función del docente.
No soy docente de profesión pero si lo soy de vocación y la amo y he tratado de desempeñarla con dignidad, estudiando y preparándome para ello.
Hemos trabajado mucho para constituir una Institución que está empezando a sobresalir, desde construir un edificio, con solo las cuotas de los padres y las actividades realizadas, y ver hoy que tenemos 2 planteles con casi 4 000 alumnos. Esto ha influido mucho para apasionarme por esta profesión y el gran amor que le tengo a mi escuela.
Las satisfacciones han sido muchas: ver construida una gran escuela, ver a mis alumnos que logran un mejor nivel de vida, el reconocimiento de ellos hacia mi, es algo que no cambio por nada.
Logré ser maestra por necesidades del servicio y no me arrepiento de lo que estudié, pero me siento muy satisfecha de lo que he logrado en esta hermosa profesión.
Emma Irene Majalca Rodríguez.

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