sábado, 10 de octubre de 2009

LOS SABERES DE MIS ESTUDIANTES

Hoy en día, nuestros alumnos, en su gran mayoría, saben manejar muy bien el Internet. Saben bajar música, chatear, enviar correos electrónicos, subir videos, preparar exposiciones, investigar para realizar trabajos y tareas, etc., sin embargo, le dedican mucho tiempo, olvidándose de otros aspectos de la vida misma, como la convivencia familiar, el estudio, la diversión sana y, en algunas ocasiones, le dan mal uso a este medio electrónico.
Todo lo que nuestros jóvenes saben debemos aprovecharlo y aplicarlo para que el conocimiento se haga más significativo en todas las materias, sin embargo, hay ocasiones, en las que el alumno sabe manejar mejor este recurso que el maestro mismo, por lo que existen maestros que se resisten a implementar el uso de la tecnología como un recurso didáctico. Otro obstáculo para ello, es que muchas escuelas no cuentan con los equipos necesarios (computadoras) para implementar la tecnología en su práctica docente.
La convivencia diaria con nuestros jóvenes nos permite aprender cosas nuevas, no solo trasmitírselas, también nosotros como docentes aprendemos día con día. Cuántas veces ellos se han convertido en trasmitirnos ciertos conocimientos que nosotros no teníamos. Aspectos incluso de la vida misma, que ignorábamos que se pudieran dar. En cuestión de tecnología, somos muchos los docentes que nos hemos resistido a implementar la tecnología en nuestra labor, sin embargo, debemos abrirnos a la modernidad y al cambio vertiginoso que se viene dando a nivel mundial.

Emma Irene Majalca R.

MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA

Yo estudié la carrera de Contador Público en la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Autónoma de Chihuahua, pero desde que estaba en tercer semestre se me presentó la oportunidad de ingresar al ramo educativo como secretaria en el Departamento de Educación de Gobierno del Estado. Ese trabajo me ayudó a costear mi carrera, pensando en que al terminarla la ejercería, abandonando mi plaza de secretaria.
Sin embargo, me gradué y seguí en la oficina, ya con más responsabilidad y al año de terminar me casé, con un compañero de trabajo.
Me dieron el puesto de Inspectora Administrativa y me cambiaron mi plaza de secretaria por 33 horas de secundaria.
Por cuestiones políticas (cambio de gobierno a otro partido), tuvimos que salir de la oficina, después de 13 años de servicio, y me mandaron a la escuela preparatoria, como una forma de castigo, pues era una escuela de reciente creación en la que nadie creía y que no le veían probabilidades de sobrevivir, aparte de que era turno vespertino.
Al llegar a la escuela me asignaron horas frente a grupo y cubrir otras horas en control escolar, pues eran 33 de nombramiento. Me asignaron materias relacionadas con mi profesión, como: contabilidad, economía, administración, aparte de otras como geografía, historia de México, etc.
El principio fue muy duro, muy impactante, el enfrentarme al grupo y trabajé mucho para planear mis clases y buscar materiales de apoyo. Mis compañeros me ayudaron y lo más importante, tuve la aceptación de mis alumnos, lo cual me ayudó a darme confianza y a aquilatar la función del docente.
No soy docente de profesión pero si lo soy de vocación y la amo y he tratado de desempeñarla con dignidad, estudiando y preparándome para ello.
Hemos trabajado mucho para constituir una Institución que está empezando a sobresalir, desde construir un edificio, con solo las cuotas de los padres y las actividades realizadas, y ver hoy que tenemos 2 planteles con casi 4 000 alumnos. Esto ha influido mucho para apasionarme por esta profesión y el gran amor que le tengo a mi escuela.
Las satisfacciones han sido muchas: ver construida una gran escuela, ver a mis alumnos que logran un mejor nivel de vida, el reconocimiento de ellos hacia mi, es algo que no cambio por nada.
Logré ser maestra por necesidades del servicio y no me arrepiento de lo que estudié, pero me siento muy satisfecha de lo que he logrado en esta hermosa profesión.

Emma Irene Majalca Rodríguez.

MI PROPIA AVENTURA DE SER MAESTRA

A lo largo de 13 años hice trabajo administrativo, primero como secretaria y luego como inspectora administrativa de escuelas primarias de mi estado, pero me dieron mi nombramiento como maestra de secundaria, por lo que al suscitarse problemas políticos, salí de la oficina y me mandaron a la preparatoria.
El primer día fue impactante, pararme frente a un grupo de alumnos, a los que yo iba a transmitir conocimientos, a los que debía imponer una disciplina , a los que yo iba a preparar para que lograran un mejor nivel de vida y que la mayoría tenía más años que yo. Muchos fueron mis miedos, mucha mi angustia por no cumplir con mi deber. Ciertamente, nadie me había enseñado a ser maestra, pero es muy preocupante el no tener la pedagogía y la didáctica para serlo.
Los compañeros te apoyan, te facilitan materiales, pero es uno mismo el que va a decidir como va a ser tu práctica docente.
Cuando yo llegué a la escuela teníamos muchas limitantes: condiciones muy malas de infraestructura (un salón de actos de la colonia habilitado para escuela), no había recursos oficiales, pocos alumnos, nada de material didáctico, etc. Hoy veo con mucho orgullo lo que hemos logrado de 8 años hacia acá: 24 aulas, 4 laboratorios, 3 audiovisuales, cancha techada, muy equipados en material didáctico y electrónico, para atender a más de 1 000 alumnos por turno. Todo logrado a base de trabajo y tesón por parte del personal, encabezados por un director con mucha visión, que si nos hubiéramos esperado al apoyo de las autoridades educativas, aún estaríamos en muy malas condiciones.
De manera personal, mi cambio ha sido radical, pues yo era una persona que le costaba mucho trabajo hablar en público, muy callada, que no había tenido bajo mi responsabilidad mas que a una secretaria. Hoy domino mucho mejor al grupo, mi hablar frente a ellos es con más confianza y he experimentado gratamente la libertad de ser maestra.
El ser maestro implica un gran reto y un gran compromiso. En nosotros mismos está el gozar ese reto y que no nos pese ese compromiso. Son muchas más las satisfacciones que tenemos en el aula, que los malos momentos.
Yo estoy por llegar al final de esta gran aventura. La vida me puso en esta hermosa profesión de la que he obtenido muchos triunfos. No me arrepiento de no haber ejercido mi carrera de origen. Tanto me gusta y amo ser maestra, que aún no decido si me voy a retirar.

Emma Irene Majalca Rodríguez.